24 de febrero de 2009

Crónica de un amor que no fue


Ante la imperiosa necesidad de gritar al unísono con el sonido de un tren, "Por que no se va todo a la puta madre que lo parió", trate de poner la cabeza en el freezer y me decidí por encarar la opción menos visceral, mas que nada para evitar las lesiones que puede llegar a causar el desahogo de cinco nudillos aboyados impactando contra un muro rígido de 30 cm. de espesor.
Lentamente, recupere la serenidad al respirar, note un leve receso entre latido y latido, lo cual indicaba una mejoría en el ritmo cardiaco, que por aquel entonces se comparaba con el repiqueteo previo a la ejecución del mas hereje de los herejes, cerré los ojos, de mi puño derecho se desenvainaron 5 dedos y finalmente solté un suspiro que dejo vacío mis pulmones para poder llenarlos completamente otra vez.
Fueron ochenta y tres los segundos que me tomo relajar los músculos de mis brazos y manos y recuperar el normal funcionamiento de mi sistema cardiovascular, volví a abrir los ojos y metí la mano en el bolsillo derecho de mi Jean levis, el mejor que tenia por supuesto, de entre monedas y basura, rescate un billete de veinte pesos, lo deje sobre la mesa y me desprendí el cuello de la camisa que me había comprado la noche anterior, me levante de la silla y llame al mozo para que me cobrara la merienda, ni si quiera espere que llegara, sabia que el dinero cubría los gastos y le quedaba una propina para el empleado, así que me di la vuelta y salí caminando de ese bar, que por un momento me hizo creer que era feliz, al cerrar la puerta mire nuevamente para adentro, vi la mesa de la que me levante, todavía quedaban 2 tazas de café caliente, el amor de mi vida y la amistad que según ella nos unía.